¡Enhorabuena! Tras semanas de una dura búsqueda y de inscribirte en cientos de ofertas de trabajo, por fin has conseguido una entrevista. Has superado el examen del currículum y acabas de dar el primer paso para incorporarte a la empresa. Ahora tienes ante ti el momento decisivo: la entrevista de trabajo. O las entrevistas, ya que en la mayoría de ocasiones, al menos en mi experiencia, el proceso de selección suele incluir varias entrevistas: recursos humanos, el responsable del puesto, otras personas del departamento…
Existen casi tantos tipos de entrevistas como entrevistadores, así que es imposible establecer unas normas generales. Además, damos por sentado que asistirás a la entrevista vestido de forma adecuada y aseado, que usarás un lenguaje correcto… en fin, esos básicos no ya de una entravista de trabajo, sino de cualquier reunión con otra persona. Así que no vamos a hablar sobre eso, sino que hoy vamos a compartir con vosotros algunos consejos para superar esas preguntas más delicadas que irán saliendo durante la entrevista. Me refiero a esas preguntas que van más allá del contenido de tu currículum, esas preguntas que pretenden evaluar tus habilidades más allá del papel. Vamos allá:
- Háblame de ti: esta es la típica pregunta abierta en la que debemos ser capaces de sintetizar nuestras habilidades y experiencia de forma organizada para transmitir una imagen coherente y atractiva al entrevistador. Procura que tu descripción se ajuste a las necesidades del puesto, o al menos al perfil de la compañía, así que te recomiendo que practiques la respuesta para cada nueva entrevista. Y ojo con adornarse demasiado.
- Dime tres cualidades positivas y otros tres aspectos que deberías mejorar: parece una bobada, pero no serás el primero que se queda clavado pensando qué responder. Lo de la parte positiva está claro: resalta aquellas cualidades que mejor encajen con el puesto y la filosofía de la empresa. Lo de la parte negativa ya es harina de otro costal. Antes de la entrevista, identifica todos tus puntos débiles y elige aquellos tres que inspiren una mayor indulgencia y que menos puedan afectar a tus posibilidades.
- ¿Qué sabes de nosotros?: os sorprendería saber la cantidad de gente que se presenta a una entrevista de trabajo sin ni siquiera haber echado un vistazo a la web. Infórmate en profundidad sobre la empresa, especialmente sobre aquellas actividades que afecten al puesto al que optes.
- ¿Qué harías para mejorar…?: es algo bastante frecuente que te pregunten por cómo actuarías en tu futuro puesto. Y para hacerlo lo normal es preguntarte por qué harías ante una situación real. Imaginemos que optamos a un puesto en una empresa de ecommerce. Sería bastante probable que te preguntaran por cómo mejorarías la conversión; o cualquier otra cosa. Para causar buena impresión debes venir con los deberes hechos de casa y haber pensado, antes de la entrevista, qué casos prácticos podrían plantearte.
- ¿Qué puedes aportar a esta compañía?: tienes la solución un párrafo más arriba: haz los deberes en casa y piensa qué puedes aportar a la empresa tratando de encontrar un punto de vista diferente para destacar sobre otros candidatos. Pero tampoco te pases de original.
- Si tienes un blanco en tu currículum porque has estado en paro y te preguntan sobre ello, responde con sinceridad. Lo más probable es que el entrevistador trate de averiguar si has estado desemplado por causas estructurales o porque realmente hay un problema con tu actitud o tus capacidades. Si te despidieron de tu antiguo puesto, procura no mentir sobre ello y dar tu versión de los hechos. Este mundo es muy pequeño y todo se sabe, especialmente dentro de un mismo sector.
- Si te preguntan por antiguos jefes o compañeros… ¡alerta!: nunca, nunca, nunca hables mal de nadie en una entrevista de trabajo. Y si crees necesario hacerlo, bastará con un “teníamos visiones diferentes sobre el negocio” y una pequeña explicación.
- ¿En qué banda salarial te mueves?: la pregunta del millón. Seguramente, digas lo que digas siempre te quedará la duda de si has acertado con la cantidad. ¿Me habré vendido muy barato? ¿Seré caro para lo que tenían en mente? En Internet puedes encontrar indicadores salariales, aunque en mi opinión son sólo eso, meros indicadores. Es mejor que intentes averiguar la política salarial de la compañía. O si no tienes cómo, de la competencia. A esto súmale tu experiencia personal y realiza una oferta realista.
- “Preguntas extrañas”: no te sorprendas si, sin venir a cuento, el entrevistador te pregunta cuánta gente pasa por el aeropuerto de Barajas un día de agosto. No te preocupes por el resultado, seguramente no aciertes. Lo importante en estos casos, y lo que quiere evaluar tu entrevistador, es tu capacidad de deducción y la forma en la que abordas problemas complejos. Es decir, lo que espera tu entrevistador es que le expliques, de forma coherente y racional, cómo has llegado al resultado, de qué forma has abordado el problema separándolo en problemas más pequeños.
- ¿Tienes alguna duda?: este es tu momento. Pregunta todo aquello que no te haya quedado muy claro sobre el puesto o la empresa. Si miedo. Pero Una vez más, no te pases de original. Ni de indiscreto.
En realidad, no se trata de preguntas muy complejas, sino que son preguntas que se pueden afrontar con éxito si hemos preparado la entrevista previamente. No vale con sentarse en casa y leer tu cv hasta recitarlo de memoria. Se trata de que te visualices a tí mismo durante la entrevista e imagines qué podría preguntarte tu entrevistador. Practica cada respuesta, incluso respuestas alternativas por si fuera necesario. Y practica para cada entrevista.






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