Así llaman a Israel Dan Senor y Saul Singer en su libro “Start-up nation”, un libro en el que explican los entresijos del éxito de Israel como potencia tecnológica. Me ha parecido interesante hablar de un país del que podríamos copiar alguna de sus iniciativas gubernamentales para apoyar la innovación, la tecnología y la creación de nuevas empresas. Con una previsión de crecimiento del 3% para el año que viene, Israel vuelve a demostrar que la inversión en investigación y desarrollo es una fuente de crecimiento para el país.
¿Cómo lo hacen? ¿Cómo consigue un país con una población pequeña, unos recursos naturales muy reducidos y una situación tan inestable convertirse en una de las potencias tecnológicas del mundo? Veamos algunos factores que pueden explicar este fenómeno:
- Una potente inversión en educación, con centros como el Israel Institute of Technology que se sitúan entre los más punteros del mundo.
- Un mercado de talentos locales ampliado por una fuerte inmigración altamente cualificada, especialmente en la década de 1990
- El gasto del Estado en I+D es el más alto del mundo y supone un 4,6% del PIB
- Un sector de capital riesgo que es la envidia de cualquier emprendedor. Sólo el año pasado estas empresas invirtieron 170 dólares per cápita. En total, existen 30 fondos que invierten en compañías de tecnología e Internet.
¿Habéis oído hablar alguna vez de Silicon Wadi? Pues es el único lugar del mundo capaz de rivalizar con Silicon Valley y aglutina más de 4.000 empresas tecnológicas de nueva creación. Gracias a una política de apoyo a la investigación y la creación de empresas, el año 2010 Israel exportó cerca de 10.000 millones de dólares en servicios tecnológicos, lo que supone un 4,6% de su PIB. Para que os hagáis una idea de lo que supone, os diré que países tradicionalmente exportadores de tecnología como Alemania o EEUU se quedan en un 1,5% y un 0’6% respectivamente.
En mi opinión, se trata de un modelo que demuestra, una vez más, que el crecimiento económico de un país está directamente ligado a la inversión en educación, investigación y desarrollo. Pero parece que por aquí nuestros políticos aún no lo tienen muy claro y por ese motivo seguiremos en el vagón de cola en el sector tecnológico. Como veis, tampoco siguen una receta oculta, solamente hacen lo que todos sabemos que hay que hacer, aunque en nuestro país ningún político se atreva a dar el salto para cambiar el modelo económico basado en la construcción y el turismo.






